Problema 11 de Llengua castellana de la Selectivitat 2024
Juny 2024, Sèrie 1 · Proves d'accés a la universitat (PAU) de Catalunya.
Temes: Tipos de texto
Enunciat
Lea el siguiente texto y responda a las cuestiones que se plantean a continuación. Desde siempre, tus amigos han bromeado sobre tu terquedad. Cuando una idea te obsesiona, te aferras al asunto, te exaltas y no sueltas el mordisco. Poco ágil en las conversaciones saltarinas y ligeras, insistes en ahondar machaconamente y ser escuchada hasta la última minúscula matización. Necesitas vencer y convencer. Llegué, vi, insistí Cuentan que Churchill —autor del mayor glosario de citas probablemente ficticias— afirmó: «Un fanático es alguien que no puede cambiar de mentalidad y no quiere cambiar de tema». Te asalta una hipótesis incómoda: quien sufre este arrebato intransigente no se da cuenta. Quizá ni siquiera tú misma. Fanático deriva del latín fanum, que significaba “santuario” o “templo”. En la Antigúedad llamaban así a los sacerdotes del culto de Belona o Cibeles, cuyos ritos resultaban excéntricos y frenéticos para los creyentes paganos. Desde el principio, integrista siempre es alguien de otro credo. El escritor Amos Oz se consideraba —con saludable ironía— un experto en fanatismo comparado. Sostenía que el peligro no solo acecha en las manifestaciones colectivas de fervor ciego, entre esas multitudes que agitan sus puños mientras gritan eslóganes en lenguas que no entendemos. No, el fanatismo también se expresa con modales silenciosos y un barniz civilizado. Está presente en nuestro entorno y tal vez también seamos víctimas de su temida infección. El fenómeno fan se ha incorporado a la vida cotidiana a través de la música y el deporte. Son sus manifestaciones más leves —aludidas con solo las tres primeras letras de la palabra—, aunque a veces también se desmadran. En la antigua Roma algunos devastadores motines empezaron como reyertas en los juegos de gladiadores o en el circo, entre partidarios de las distintas facciones deportivas. El fanatismo nace de la necesidad —profundamente humana— de pertenecer a algún grupo, equipo o colectivo. Por desgracia, ese anhelo suele derivar en el rechazo a quienes no forman parte de nuestro núcleo, hasta el punto de querer cambiar a los demás, o expulsarlos. Estas actitudes comienzan en casa, en esa tendencia tan común de mejorar al vecino, de enmendar al cónyuge, de hacer ingeniero al niño o enderezar al hermano, en vez de dejarlos tranquilos. El fanático quiere salvarte, redimirte, mejorar tus hábitos. Se desvive por ti, te alecciona. En uno de sus discursos fundacionales de la democracia ateniense, Pericles formuló una idea novedosa para construir comunidades donde nadie sea despreciado: «En el trato cotidiano, no nos enfadamos con el prójimo si hace su gusto, ni ponemos mala cara». En y en cada casa, antes de intentar modelar al otro o darle la espalda, Y s a nuestro aire. El romano Luciano de Samósat ible repertorio de obras satíricas donde i CEL s enemistades, su rigidez y su habilidad para olvidar sus n. Con sus bromas certeras denuncia que hasta los sabios se embarran de e o. Podemos volvernos…
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