Problema 1 de Llengua castellana de la Selectivitat 2024

Juny 2024, Sèrie 5 · Proves d'accés a la universitat (PAU) de Catalunya.

Temes: Comprensión lectora

Enunciat

Lea el siguiente texto y responda a las cuestiones que se plantean a continuación. Es lo malo de las expectativas, sobre todo cuando son tan altas como las que yo puse cuando comencé la nueva carrera. La realidad, aunque siempre se vea superada por la ficción, y este relato es la prueba más evidente de ello, al final termina imponiéndose a los deseos. Fue lo que a mí me sucedió. No sé qué esperaba descubrir en las aulas de aquel edificio horrible, de cemento tan gris como el aspecto de los profesores que daban allí clase. Quizá el problema fuera mi descontrolada imaginación, nutrida a base de demasiadas novelas, demasiadas películas, demasiadas historias en las que los periodistas eran personajes cultos e intrépidos que se pasaban el día escribiendo. Nada parecido a lo que me encontré, claro. Pero, superada la decepción inicial y recordándome constantemente que aquella carrera era el medio, no el fin, conseguí sobrellevarlo hasta convertirlo en una rutina más. Cuando mis abuelos me preguntaban si estaba contenta, después de lo que había hecho por mí Vito el de la Pura, yo les decía que estaba encantada, y con esa mentira piadosa tranquilizaba mi conciencia y los dejaba a ellos satisfechos de haber cumplido con el deber de cuidarme. Además, aprobar las distintas asignaturas no me costaba trabajo, por lo que me sobraba tiempo para todo lo demás, que era lo que de verdad me importaba. Como en la facultad tenía turno de tarde, cada día me levantaba bien temprano y me pasaba toda la mañana escribiendo. Cuando, siendo solo una niña que empezaba a garabatear, redacté mis primeros cuentos, recuerdo que guardaba las cuartillas en los pesados tomos de la Enciclopedia Larousse que formaban parte de la biblioteca de Filomena. No es que temiera que mis abuelos los encontraran. Es más, estaba deseando que lo hicieran. Entonces, la escritura era solo una diversión, una especie de escondite al que jugaba yo sola y en el que me guarecía cuando la realidad que me veía obligada a habitar no me gustaba. Con el tiempo, fui acumulando cuadernos llenos de historias, algunas verídicas y otras realmente inventadas, en las estanterías del cuarto que compartía con Clara en el piso de Marcelo Usera. Y cuando mi madre instaló, en mitad del salón, un ordenador por recomendación de un novio que trabajaba en IBM, empecé a trasladar todas esas narraciones, y muchas más, a cientos de folios. Siempre durante el día. Por la noche era incapaz de escribir, las palabras no me salían, así que leía con fruición antes de meterme en la cama. En esa época releí más que nunca en mi vida. Seguía descubriendo libros, autore pero en aquel momento la relectura fue mi fuente primo i rdial de placer a Larkin, a Scott Fitzgerald, a Jo y sus Mujercitas, a la manos ron LA y su Andrea... Fue como reenc ido igos a los que había conocido gracias a Ao 1 or, porque ya sabía lo que buscaba en sus páginas: la no vivía solo a través de la literatura. También solía ir a la filmoteca varias veces por semana…

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